Antonio Crespo Massieu



Antonio Crespo Massieu nació en Madrid en 1951.
Es licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense y Diplomado en Estudios Portugueses por la Universidad de Lisboa.
Desde 1997 es responsable de las páginas literarias de la revista Viento Sur, de cuya Redacción forma parte.

Junto con Pedro Hilario, Roberto Bravo y Fernando Cañamares es coautor de la antología comentada Una mano tomó la otra. Poemas para construir sueños (Comunidad de Madrid, 2002).

Ha publicado el libro de relatos El peluquero de Dios (Bartleby Editores, Madrid, 2009) y los poemarios: En este lugar (Fundación Kutxa, Donostia- San Sebastián, 2004) que obtuvo el “Premio de Poesía Kutxa Ciudad de Irún” en su XXXV edición, Orilla del tiempo (Germania, Valencia, 2005) y Elegía en Portbou (Bartleby Editores, Madrid, 2011).

Autor de trabajos de investigación y de creación literaria que han aparecido en revistas como Anthropos, Revista da Faculdade de Letras-Universidade de Lisboa, Asparkía, La ortiga, Dossiers feministes, Diálogo de la lengua, El cielo de Salamanca, Riff-Raff, Cuadernos del matemático, cbn, situaciones, Viento Sur.

Poemas suyos han sido incluidos en numerosas antologías y libros colectivos.

Antonio participa en “Imagina cuántas palabras” con “Lo que nos salva del frío“, dedicado a Pablo Lizcano y precedido por esta cita de C.K. Williams: “Esa cosa tan sorprendente que ocurre cuando clavas un punzón en un bloque de hielo”.
Este es un extracto:

(…)

Lo que el tiempo deja.

¿Hay una pertenencia, un refugio, una casa?
¿Un estuche, una piscina compartida, un iglú para vivir en el frío?
¿Hay palabras que digan la infancia?

Hay una cancha de baloncesto, una red rota, hay un abandono de cemento y ausencia.

¿Acaso hay un nombrar que restituya?

Puedes decir: mamá, papá, amigos… Y sabes que no están. Decir: playa, diversión, cariño, felicidad… Y nada recompone. Mas persistes en el engaño. Por si algo regresa del hielo. Y los finos cristales de la memoria traspasan el tiempo.

(…)

Está en la naturaleza de las cosas el olvido. Y está la herida. La palabra que nada restituye pero calienta el iglú de la memoria. Arrimamos las manos para ver nuestras sombras reflejadas en el hielo.

Ahora el frío. Decimos palabras absurdas, equivocadas. Amistad por olvido, grito por silencio, jengibre por cama de hospital, fidelidad por abandono.

Un perro esquimal, un iglú para no morir del todo. Las primeras gafas, los libros, las canciones. Apenas cristales, agujas frías y torpes de la memoria, instantes fugaces. Y una forma perfecta que ya nada recompone.

Lo que nos salva del frío.

Lo que el tiempo deja.

(…)