Vetraria y paisaje



Vetraria Muñoz de Pablos es un proyecto consolidado por un equipo de artistas plásticos especializados en el arte de la vidriera. En el equipo trabajan Carlos Muñoz de Pablos, Pablo Muñoz Ruiz y Alfonso Muñoz Ruiz, todos licenciados en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid.
Carlos Muñoz de Pablos estudió en la Escuela de San Fernando de Madrid y fue becado por la Fundación Juan March en la que realizó una conocida investigación sobre el vidrio plaqué de color en las vidrieras. Ganó varios concursos internacionales y formó “Gremio 62” junto a Jose Luis Coomonte y Quico Argüello.
Desde sus inicios han sido innumerables las vidrieras realizadas en todo tipo de edificios y ventanas. Iglesias, catedrales, universidades, entidades privadas o colecciones particulares de ámbito nacional e internacional poseen obras de este autor con más de medio siglo de experiencia en el mundo del vidrio.
Es profesor habitual en muchas universidades españolas (Alcalá de Henares, Salamanca, Politécnica de Madrid, Menéndez Pelayo…), así como en Másters y foros donde la vidriera ocupa un lugar importante, relevante para el Patrimonio y la Arquitectura actual. Son ya varios centenares los arquitectos, restauradores, historiadores y artistas los que han recibido sus enseñanzas.
Impulsor de la recuperación de la Real Fábrica de Cristales de la Granja en Segovia, ha sido durante veinte años el Director del Patronato de la Fundación del Centro Nacional del Vidrio, formando parte de los foros más destacados que se han preocupado por esta disciplina tan singular: Consejo de Europa, El Corpus Vitrearum Medii Aevi, el Instituto Diego de Velázquez, la Real Academia de Historia y Arte San Quirce segoviana, la Real Academia de Arte de San Fernando y otros foros internacionales, sobre todo de Estados Unidos, de los que nunca llegó a aceptar sus ofertas de traslado, lo que ha permitido consolidar en España el importante foco de creación plástica en torno a la vidriera cuya referencia lidera.
En la intervención de los monumentos españoles, su aportación en la estricta metodología de conservación, en la actualización de la teología y del pensamiento litúrgico que ha motivado la plena renovación del Vaticano II, y sobre todo en la interpretación contemporánea de la luz del espacio sacro de los siglos XX-XXI, su obra marca una clara referencia culmen, sin duda, de logros hasta ahora no alcanzados.

Carlos Muñoz de Pablos ha recuperado la vidriera para las artes, ha construido el lenguaje que introduce a la vidriera en el arte contemporáneo con una propuesta plástica personal y referente indiscutible en el mundo del vidrio.
En 1996 inició junto a Alfonso Muñoz y Pablo Muñoz un proyecto común que se consolidó tres años después con la ampliación del estudio y el taller, y que se llama Vetraria Muñoz de Pablos, S.L.
Dedicados a la creación, restauración y conservación de vidrieras, el dominio de las técnicas y procedimientos se suma a materiales y tecnologías de última generación para conformar un lenguaje propio y contemporáneo, integrador en la arquitectura como parte necesaria de ésta, pero sin pasar inadvertida al espectador inmerso en su contexto.
Como expertos conocedores de los procedimientos plásticos históricos e infatigables investigadores de nuevas técnicas y materiales, en Vetraria ofrecen una enorme calidad en sus creaciones y restauraciones, avaladas por más de cincuenta años de experiencia.

En Vetraria realizan vidrieras aplicadas a la arquitectura, tanto en paramentos verticales como en techos o cúpulas, paneles autónomos y esculturas, empleando una gran variedad de técnicas y materiales como vidrieras emplomadas, vidrieras de hormigón, fussing, vidrio grabado al ácido o a la arena, vidrieras pintadas con grisallas, esmaltes, amarillos de plata y rojos de cobre.
Acometen también obras complejas de restauración de vidrieras históricas empleando los procedimientos y tecnologías más avanzados del momento, siendo unos conservadores extremadamente respetuosos con las obras que tratan, en colaboración con un amplio equipo de científicos e historiadores de primer orden.

A su experiencia se unen una sólida trayectoria profesional, el amor al conocimiento y una profunda vocación por su trabajo.
Vetraria tiene el taller y el estudio en la ciudad de Segovia.

Vetraria apadrina la palabra paisaje, una palabra que reúne la fascinación por el color, el dominio del espacio y la magia de la luz.
¡Muchísimas gracias a Vetraria por apadrinar paisaje!

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Más allá de lo material



Este es el cuento escrito por Laura P., alumna de 6º del Colegio Público  Cardenal Ilundain de Pamplona. Se titula “Más allá de lo material“:

Hoy me he levantado y he mirado por la ventana. Lo que he visto no era nada especial, simplemente había un coche de juguete y un balón junto a una flor. Lo que yo no sabía es que detrás de aquellas tres cosas había tres fantásticas historias.
Después de contemplar un rato aquellas tres cosas me fui a desayunar unas tostadas y un vaso de leche. Cuando terminé, fui a vestirme y luego fui a la calle. Una vez allí, vi que había un sol que alumbraba toda mi casa. Ese sol me recordó al balón y las demás cosas que había visto desde mi ventana. Entonces fui al descampado de detrás de mi casa, pero cuando llegué ya no estaban las cosas allí. Lo que pasaba es que un niño pequeño de 7 u 8 años las había cogido. Cuando me di la vuelta allí estaba él con sus tres cosas. Entonces me dijo:

–¿Me acompañas?

Y yo le dije:

–Por supuesto.

Cuando estábamos andando, el niño se paró y me dijo que me iba a contar la historia de su flor y era tal que así:

Un día el niño iba caminando por la calle, cuando pasó por delante de un colegio de bachillerato donde había alumnos en el recreo. No todos estaban haciendo lo mismo. Por ejemplo: había unos chicos escuchando música, chicos jugando a juegos como el baloncesto o el fútbol, y chicos con sus estuches cambiando rotuladores. Pero él se fijó en un chico que estaba plantando flores, por lo que él decidió plantar la suya. Al cabo de un tiempo la flor creció y creció hasta que se hizo muy grande y el niño se llenó de tanta felicidad que ahora siempre lleva la flor con él.

Cuando terminó de contarme la historia seguimos andando hasta que pasamos por un campo de fútbol y me dijo que me iba a contar la historia del balón, que era tal que así:

Un día estaba el niño jugando a fútbol con sus amigos. Él estaba de portero y cuando fue a parar un tiro se le resquebrajó el esternecleidomastoideo y se quedó mirando el cielo azul y al momento se desmayó. Cuando despertó estaba en el hospital con el músculo bien y su amigo allí. Su amigo se le acercó y le pidió disculpas, y como el poder de la amistad es tan potente se perdonaron.
Al día siguiente los dos amigos fueron a la playa a jugar a voleibol y bañarse en el mar. Cuando estaban en el mar no se oía nada, era una paz inmensa pero también había un precioso paisaje. Cuando se fueron de la playa su amigo dijo que si quería que fueran a la piscina, pero él ya estaba demasiado cansado como para ir a la piscina. El niño se fue a casa y guardó el balón porque gracias a él había comenzado una bonita amistad con aquel niño.

Al terminar de contarme la historia seguimos andando hasta que pasamos por un parque y me dijo que me iba a contar la historia de su coche de juguete, y era tal que así:

Un día estaba el niño en el parque con un coche de juguete que se había encontrado en el suelo, pero un perro vino y ladró tan fuerte que hizo que el niño tirara el coche por los aires. Sus amigos, que estaban pasando un buen rato de diversión, le preguntaron qué era lo que le había pasado y él se lo contó. Entonces uno de ellos decidió regalarle su reloj para que se sintiera mejor, pero otro amigo suyo dijo: “yo voy a buscar el coche y prometo que lo encontraré y te lo daré.
Al cabo de diez o quince minutos el niño le dijo: “¿es este tu coche? A lo que el niño dijo que sí, entonces el niño le devolvió el reloj a su amigo y él se quedó con el coche. En ese momento salió un arcoíris y vinieron mariposas, de lo feliz que era el niño. Desde ese mismo día guarda el coche.

Cuando terminó de contarme la historia paseamos hasta mi casa, donde me despedí de él, pero antes de irse me dijo: “me llamo Nick Iglú”. Yo creo que se lo había inventado, pero bueno, eso era lo de menos.
Al entrar en casa mi mamá y mi papá me habían preparado una pizza con mucho cariño. Al terminar de cenar hice los deberes y me leí un libro porque me gusta leer. Cuando terminé, le di de comer a mi hámster, le di un beso de amor a mi gato y otro a mi perro. Después me quité las gafas, me bebí un vaso de agua y apagué la televisión y el ordenador. Después de todo esto bailé mi baile especial del sueño y devolví a mi rana a la naturaleza porque tengo buen corazón. Y por fin me fui a dormir y soñé que estaba de vacaciones.

Julia Piera



Julia Piera nació en Madrid en 1970. Estudió economía, música y arte en Madrid, Bolonia y Brighton y un postgrado en literatura y lenguas románicas en Harvard.
Ha publicado los libros Puerto Rico Digital (Bartleby, 2009) Premio Villa de Madrid 2010 y accésit al Premio Ausiàs March; Conversaciones con Mary Shelley (Icaria, 2006); Al vértice de la arena (Biblioteca Nueva, 2013) y la plaquette Igual que esos pájaros disecados (Hojas de Zenobia, 2004). Traducido al árabe por el poeta iraquí Abdul Hadi Sadoun, su poemario Al vértice de la arena se publicó en la editorial Don Quixote de Damasco (Siria, 2011).

Colabora con El Viajero de EL PAÍS y Viajes National Geographic.
Ha sido directora del Instituto Cervantes de Dublín. En la actualidad dirige el programa de Colby College en España.

Julia participa en “Imagina cuántas palabras” con el poema “La última habitante del planeta“. Este es un extracto:

(…)

La última habitante del planeta abrió la mano y acarició el cielo. Guardó su corazón en un estuche con paisaje de ballenas; junto a la playa, arena, sus uñas verdes.

La última habitante del planeta recordó esos mismos dedos, en 2023, bailar con amigos sobre arcoíris de mariposas, jugar al amor bajo el iglú azul de Hanna.

(…)

La maravillosa historia de Violeta



Este es el cuento que ha escrito Nayana Escribano, alumna de 6ºD del C.P. Cardenal Ilundain de Pamplona. Se titula “La maravillosa historia de Violeta“:

Un día precioso estaba a punto de comenzar. Violeta, una chica guapa , un poquito desordenada, simpática y alegre, iba a empezar su primer día en bachillerato. Estaba muy nerviosa. Estaba a punto de sonar el despertador, cuando gritó su madre:

–¡Violeta! ¡A despertar! Hoy es tu primer día, tienes que ir antes a clase ¡Baja a desayunar!

Violeta lentamente se levantó de la cama, apagó el despertador y bajó a desayunar.

–Buenos días, mamá, ¿qué hay para desayunar?–dijo Violeta, prácticamente dormida.

–Hola hija, hay tostadas con mantequilla y un vaso de zumo, como a ti te gusta –le contestó su madre.

Violeta terminó su desayuno y subió a su habitación a prepararse para irse. Hizo su cama, se peinó su precioso pelo y cogió la mochila. Fue a despedirse de su madre, cuando su madre le dijo:

–Tú tranquila hija, sé que es tu primer día. Yo también tuve ese día y estaba muy nerviosa, pero los momentos imperfectos pueden ser los perfectos de tu vida. Tú acuérdate de eso no sólo hoy, sino todos los días de tu vida. Ya verás cómo aunque estés nerviosa será un buen día. ¡Suerte cariño! Te quiero.

–Gracias mamá, por todo. En serio. Te quiero.

Violeta yendo de camino al instituto se encontró con una de sus mejores amigas, Elena. Entonces dijeron de ir juntas a clase, pero la hermana de Elena tenía que ir al colegio. Entonces decidieron ir juntas el día siguiente.
Cuando Violeta llegó al instituto nadie le miró con cara rara, como ella había imaginado. El único que la miró fue un chico que se llama Bruno. La miró fijamente. Para Violeta fue su amor, amor a primera vista. Cuando sonó la sirena subió a clase, se chocó con un chico en las escaleras y se le cayeron todos los libros. Un libro importante se abrió y al agacharse le dijo:

–Hola, lo siento, no te había visto. Me llamo Carlos. Ya nos veremos, que llego tarde a clase.

Violeta fue a clase corriendo, pero llegó un poco tarde. Estaba a punto de salírsele el corazón. Ella pensaba que Carlos también era su amor, pero no estaba segura de cuál era el verdadero.
Era la primera clase y era de cantar y bailar, que es lo que más le gusta a Violeta. A violeta le apasiona la música. Esta clase era tan especial porque se juntaron dos grupos y en el otro grupo estaban sus amores, Bruno y Carlos, y lo mejor es que le tocó cantar con Carlos. Este momento fue mágico para ella. La clase duró dos horas, ya al terminar tenían tiempo para almorzar. Carlos se dirigió a Violeta con una flor azul para dársela, pero Bruno salió de entre los arbustos y le empujó. Bruno también se dirigía con algo, pero no era un flor sino muchas flores. Cuando Violeta se fue, cogió un balón de fútbol y empezó a jugar a su deporte favorito, baloncesto. Estaba muy deshidratada y fue a la fuente a beber un trago de agua. Cuando sonó la sirena Violeta entró a clase cruzándose con Bruno y Carlos. Tocaba ordenadores y tenían que jugar haciendo un test de juegos del cuerpo humano. Violeta se olvidó de poner el hueso más largo como palabra: esternocleidomastoideo.
A la hora siguiente y última del día, les tocaba clase de historia. A Violeta le aburre mucho ese tipo de cosas. Tenía que ver con qué se relaciona el mar, la naturaleza, el paisaje, las mariposas y la paz. Violeta no hacía caso, así que miró por la ventana y estaba lloviendo. Miró a su derecha y vio un cobertizo con forma de iglú. No le interesó mucho, así que volvió a su sitio. Miró el reloj de clase y faltaban cinco minutos para terminar la horrible clase aburrida, así que para finalizar la clase el profesor les mandó un poco de tarea mientras metía el estuche en la mochila. Cuando salían vio a su madre que le estaba esperando en la puerta con el coche. Y también vio que había salido el sol y estaba el arcoíris fuera.
Al llegar a casa, empezaron a comer y ya había llegado su padre de trabajar. An entrar dijo Violeta:

–¡Papá! ¡Ya estoy en casa!
–Hola hija, ¿qué tal el instituto?–agregó el padre.
–¡Muy bien!–respondió Violeta.
–Me gustan tus gafas, papá.
–Jajajaja, gracias hija –dijo alegre su padre.

Se sentaron en la mesa y de repente le sonó el móvil al padre.Cogió y le dijeron que tenía que volver al trabajo. Conclusión: que se quedaron solas madre e hija en casa. Y le dijo Violeta a su madre:

–Oye mamá, tenemos que hablar.
–Claro, hija, hablemos.
–Pues mira, hoy he conocido a dos chicos muy majos y muy guapos, y yo creo que son mis amores, pero no sé cuál es el verdadero.
–Me da mucha alegría y felicidad que me cuentas estas cosas, cariño. Una cosa, ¿tienes deberes?
–Sí, unas cositas y leer un poco.
–Bueno, vale, a lo que íbamos. Yo lo único que te puedo decir es que escuches a tu corazón, no a tu cabeza. Busca lo interior de cada persona.
–Gracias, mamá. Ni siquiera somos amigos ni tenemos amistad, pero hoy he cantado con uno y me he sentido muy bien.
–Pues eso, busca lo que te hace bien de cada persona, y conócelos…ehhh…jajaja… Luego acuérdate de echar de comer al hámster y saca el pero a pasear ¿vale?
–Vale, mamá. Pon de cenar pizza porque desde que fuimos de vacaciones no la he comido. Luego encenderé la televisión para ver un programa sobre qué es mejor: la playa o la piscina.
–Vale hija. Adiós, te quiero.

Violeta fue por la calle con su perro Tom y se restrasaron un poco en la vuelta a casa, pero llegaron sanos y salvos.
Violeta le dijo a Tom:

–Ya se ha acabado la diversión…

Cuando entró en casa cenaron un poco los tres: padre, madre e hija. Y al final del día se fueron a dormir para el siguiente día. Que también sería un día perfecto.

El atleta más atleta del mundo



Este es el cuento que ha escrito Ibón L., alumno de 6º del C.P. Cardenal Ilundain de Pamplona. Se titula “El atleta más atleta del mundo“:

El atleta más deportista del mundo era simplemente en 2 palabras: el mejor, en todo aquello que hacía. Practicaba muchos tipos de deportes, desde fútbol y baloncesto hasta bailar, pero no solo le gustaba el deporte, sino que también le gustaba estudiar. Estaba en bachillerato en el instituto más grande de Madrid, en el que también practicaba música, donde les hacían cantar.
Se llamaba Ángel y más que en un instituto estaba en un centro de alto rendimiento. Era un aficionado al fútbol, al baloncesto y al baile. Siempre estaba con un balón en los pies o en las manos. Le gustaba ese centro, pero echaba de menos a su papá y a su mamá. En su casa estaba además de sus padres, su mascota, su hámster Rodrigo y su perro Sorchi, al que tanto cariño le tenía. Curiosamente su caseta tenía forma de iglú. Pero no solo les echaba de menos a ellos, sino también al ordenador, a sus amigos, a la televisión e incluso a los deberes.
Un día tenía que jugar un partido de baloncesto y allí estaba puntual a las 11:30 de la mañana, donde le estaban esperando su padre y su madre y sus amigos: una gran sorpresa. Con mucha mala suerte le dieron un codazo en el cuello y le rompieron el esternocleidomastoideo. Se retorcía por el suelo bruscamente, su madre se puso las gafas para verle mejor y enseguida fue a ver qué le pasaba. Le llevó un poco de agua para que se recuperase, pero no, estaba muy mal y se lo llevaron al hospital. Él había dejado de ver el sol, la lesión le había apartado del deporte 2 meses, aunque por dentro del corazón seguía sintiendo felicidad, paz, alegría… Ya podía dormir sin tener que madrugar, leer sin prisa y contemplar el paisaje y el arcoíris siempre que quisiera. Cada día que iba al hospital a la rehabilitación miraba el reloj para ver cuánto quedaba para que el día pasase. Se le hacía eterno. Su recuperación era muy dura, todos los días esfuerzo, pero él en el fondo quería, quería seguir adelante y que se pasase cuanto antes. Todas las tardes iba al mar o a la piscina para relajarse del esfuerzo de todo el día.
Se lo llevaron de vacaciones en un buen coche azul para que estuviese cómodo y conociese lo qué es diversión. Se lo habían llevado a Cuenca ya que estaba cerca de Madrid, un lugar donde hay bastante naturaleza. Un día salió al campo, veía muchas cosas, veía volar mariposas, veía muchas flores, pero hubo una flor que le llamó mucho la atención, era de color verde: el color de la esperanza. Allí también encontró el amor y volvió a tener amistad con la gente de allí. Le daba pena pero se tenía que ir porque tenía que volver a su colegio donde le esperaba su estuche, su libro, y volver a su tierra donde su madre le esperaba en casa. Pero de otro modo, también quería volver a su rutina diaria con sus amigos de siempre. Cuando llegó de vuelta después de haber salido de la lesión, sus amigos del centro le hicieron una fiesta con patatas fritas, galletas y pizza…, y al final unos cuantos juegos.
Al cabo de un par de semanas Ángel volvió al mundo de la competición y lo hizo tan bien y con tantas ganas que fue a los juegos olímpicos, y con ganas valentía y destreza consiguió sacar el oro olímpico, su gran sueño de toda la vida.

José Ovejero



José Ovejero nació en Madrid en 1958. Estudió Geografía e Historia y se licenció con una tesina sobre cultos religiosos egipcios. Poco después se mudó a Bonn, con la pretensión de escribir una tesis doctoral en la Facultad de Egiptología, pero al poco tiempo dejó la Historia para dedicarse a cosas que le interesaban más: la literatura y su familia.
Su primera publicación fue un libro de poemas narrativos sobre Henry Morton Stanley, “una vida amoral que produce una fábula turbadoramente moral”, según escribió años después Juan Cobos Wilkins en El País. Luego vino un ensayo sobre la ciudad en la que vive, un libro de cuentos y una novela. Esas cuatro publicaciones marcaron lo que iba a ser un rasgo de su trabajo: la exploración de los distintos géneros.
Desde entonces ha publicado novelas, libros de cuentos, poesía, teatro, libros de viajes y ensayos, por los que ha recibido premios como el Ciudad de Irún de poesía por Biografía del Explorador (1993), Grandes Viajeros de libros de viajes por China para hipocondríacos (1998), Primavera de novela por Las vidas ajenas (2005), Gómez de la Serna por La comedia salvaje (2011), Anagrama de Ensayo por La ética de la crueldad (2012) y Alfaguara por La invención del amor (2013). Sus libros han sido traducidos a varios idiomas.
Sus artículos y relatos se publican en diferentes periódicos, revistas y antologías, tanto en España como en el extranjero.

José participa en “Imagina cuántas palabras” con el relato “Papá es un perro“. Este es un extracto del mismo:

(…)

Mi padre quisiera enseñarme a jugar al fútbol y todos los años se empeña en regalarme un balón por mi cumpleaños; yo quisiera enseñarle a pegar fuego a la casa y le regalo todos los años un encendedor aunque no fuma. El año pasado decidió cambiar y me regaló un balón de baloncesto, por si ese deporte me atraía más. Y aunque le dije que mido uno cuarenta y ocho –es verdad– y soy el más bajo de mi clase, el me dijo que el juego es una diversión, y que no se trata de ganar sino de. Eso.
Lo que también me ha regalado papá es el reloj que le regaló su padre a quien se lo regaló su padre. Pero hay que darle cuerda todos los días y ni siquiera es sumergible. A mi padre le pone triste que no lleve el reloj y cuando está triste se lanza a hablar de cuando él era adolescente, de que a él tampoco le gustaba el colegio y, como yo, estuvo a punto de suspender el bachillerato, pero lo que importa en esta vida es el esfuerzo, superar los obstáculos.

(…)

Las vacaciones de Julen en España



Este es el cuento que ha escrito David Carranza, alumno de 6º del C.P. Cardenal Ilundain de Pamplona. Se titula “Las vacaciones de Julen en España“:

Érase una vez un niño llamado Julen que vivía en un pequeño pueblo del Polo Norte. No vivía en una casa de ladrillos sino que vivía en un iglú hecho de hielo. Julen tenía dos gafas, una de color rojo y otra de color azul. Le gustaba leer mucho y era muy bromista. Como no tenía amigos sólo podía jugar con sus padres. Su mamá se llamaba Rosa y su papá se llamaba Juan.
Un día Julen les propuso a sus padres ir de vacaciones a España. Sus padres muy extrañados le dijeron:

–¿Por qué a España y no a Rusia, Alemania o Portugal?

Julen les respondió:

–A mí siempre me ha gustado España porque es un país que tiene alegría y con alegría me refiero a que siempre ves que la gente va contenta por la calle.

Entonces los padres de Julen se miraron y dijeron:

–¡La familia Gómez se va de vacaciones a España!

Entonces Julen corrió hacia su cuarto y empezó a hacer su maleta. En menos de una hora ya habían hecho las maletas y ya estaban en el aeropuerto. Julen fue el primero en subir al avión. Se sorprendió de lo grande que era. Cuando despegaron Julen se empezó a dormir de lo cansado que estaba. En la mitad del trayecto, Julen se despertó y pudo contemplar a dos delfines saltando en el mar. También pudo contemplar cómo unos pesqueros pescaban peces.
Cuando llegaron a España, se instalaron en un pequeño piso de Barcelona. Julen bajó al parque que había debajo de su casa y empezó a jugar con un amigo suyo llamado Imanol. Imanol le enseñó a jugar a Julen a fútbol, a baloncesto, a ping-pong y a muchos más juegos. A Imanol se le escapó el balón a la carretera y casi le pilla un coche que iba muy rápido. Julen se asustó mucho porque casi matan a su amigo. Eran las ocho de la tarde cuando Julen se fue a casa como Imanol. En cuanto Julen llegó a casa les preguntó a sus padres:

–¿Puedo comprarme un perro?

Su madre le respondió:

–¿No es mejor que te compres un hámster?

Julen le respondió:

–Ah, vale, ya me compraré el hámster.

La mañana siguiente Julen fue al colegio con tanta felicidad que se levantó muy pronto para no llegar tarde. En cuanto llegó al colegio todo el mundo le preguntaba de dónde venía y cómo se llamaba. Julen siempre les decía:

–Vengo del Polo Norte y me llamo Julen.

Unos minutos después hizo un nuevo amigo llamado David, que se había roto el esternocleidomastoideo. David estaba muy triste porque ya no podía jugar a juegos como fútbol, baloncesto….
Cuando Julen entró a clase con todos sus compañeros, la profesora les dijo que mañana irían a la piscina. Julen preguntó:

–¿Qué es la piscina?

Entonces la profesora le respondió:

–La piscina es un agujero grande lleno de agua y preparado para que la gente pueda nadar.

Cuando quedaba un minuto para irse y todo el mundo recogía, la profesora dijo:

–Para mañana tenéis estas hojas de matemáticas y también os tenéis que leer un libro de casa.

Todo el mundo iba triste porque tenían deberes.

Julen iba contemplando el paisaje con Imanol, cuando de repente vio una flor muy bonita, entonces se agachó y la cogió. Cuando Julen llegó a casa le dio la flor que había cogido de la naturaleza y se la dio a su madre. Su madre se puso tan contenta que le dio un gran beso. Julen empezó a hacer la tarea y cuando terminó se puso a ver la televisión con su padre. Su padre se durmió y comenzó a roncar. Como no se oía la televisión, Julen empezó a cantar ópera y despertó a su padre. Su padre muy enfadado le dijo a Julen:

–¡¡¡Julen, no cantes mientras estoy durmiendo, si no te castigaré!!!

Julen le contestó a su padre:

–Si quieres dormir sin molestar a los demás y que no te despierten, vete a tu cuarto a dormir.

Su padre se fue a lacocina a beber un vaso de agua para tranquilizarse y luego se fue a su cuarto a dormir. Julen oyó ruiodos en el parque, miró el reloj a ver qué hora era y como eran las cinco supo que su amigo Imanol estaba jugando en el parque. Bajó corriendo a jugar al fútbol con él. Imanol se puso de portero mientras Julen le tiraba tiros. Julen tiró un tiro tan fuerte que rompió las redes de la portería y las flores que había detrás de la portería. Unos minutos después Imanol tiró un tiro que fue un golazo. Entonces se puso a bailar como Neymar. Jugaron con tanta diversión que Julen no se quería ir a casa. Al final sus padres le dijeron que si subía tenían para cenar pizza. Julen en cuanto oyó la palabra pizza subió corriendo a casa. Cuando estaban cenando pizza nadie hablaba, entonces Julen le dijo a su padre:

–Por favor, papá ¿puedes encender la radio y poner música?

En ese momento su padre encendió la radio y puso música como Julen le dijo. Cuando Julen terminó de cenar vio un poco la tele y se fue a la cama.

Por la mañana siguiente Julen iba hablando con su mejor amigo Imanol de lo que habían soñado, mientras iban caminando al colegio. Julen le dijo a Imanol que había soñado que estaba en bachillerato y le estaban dando un curso de astronomía para ir al sol. Imanol le dijo a Julen que había soñado que iban al colegio juntos cuando de repente el mundo se abría en dos. Los dos se rieron de los dos sueños que habían tenido. Cuando llegaron al colegio, un autobús les estaba esperando para ir a la piscina. En el viaje vio un arcoíris y una mariposa de color rosa. Cuando llegaron a la piscina hicieron un partido de waterpolo chicos contra chicas. Como ya se sabía, ganaron las chicas. Los chicos se picaron tanto que en el vestuario se picaban por haber perdido. Cuando volvieron de la piscina tenían clases de ordenadores. Julen se puso de pareja con Imanol en un ordenador. Julen se puso con Imanol porque él no sabía nada de ordenadores y en cambio Imanol sabía mucho. La profesora les dijo:

–Tenéis que buscar información sobre el día de la paz y sobre “¿qué es el amor?”. Cuando estaban terminando el trabajo, un compañero de la clase de Julen le tiró el estuche. Entonces Julen se levantó de la silla y le dijo con mucho cariño a su compañero:

–Ya que me has tirado el estuche al suelo, ¿me puedes ayudar a recoger lo que has tirado? Por favor.

Su compañero, en cuanto oyó la palabra por favor, le ayudó a Julen a recoger lo que había tirado.
Cuando se terminaron las clases, Julen e Imanol iban hablando sobre la amistad que tenían y que nunca se terminaría aunque estuviesen en distintos lugares del mundo. También Julen le dijo a Imanol con cara muy triste:

–Como ya sabrás, mañana me voy a ir al Polo Norte.

Imanol sorprendido le dio un abrazo. Cuando Julen llegó a casa, su madre le dijo:

–¡Corazón! ¿Qué te pasa? ¿Por qué tienes esa cara tan triste?

Julen muy triste le respondió:

–Es que mañana nos vamos y no quiero ir, echaré de menos a mis compañeros, pero sobre todo a Imanol.

Al día siguiente, todos sus compañeros fueron a despedirse de Julen. Ninguno tenía regalos menos Imanol, que le dio un dibujo donde estaban Julen e Imanol jugando en la playa. Julen se emocionó mucho porque su mejor amigo le había regalado algo.
Julen se fue rápidamente hacia el aeropuerto. En pocos minutos ya habían despegado e iban rumbo al Polo Norte. Cuando llegaron al Polo Norte, Julen fue rápidamente a su casa para colgar el dibujo que le había regalado Imanol.
Pasaron unos meses cuando Imanol fue al Polo Norte con sus padres para visitar a Julen. En cuanto Julen vio la cara de Imanol fue corriendo a abrazarlo. Imanol le dijo que iban a estar un par de meses en el Polo Norte de vacaciones, pero al final Julen convenció a Imanol y a sus padres para que se quedasen. Los convenció y se quedaron a vivir con Julen para toda su vida. Fueron muy felices porque al fin Julen podía jugar con alguien.