Miguel Ángel Muñoz Sanjuán



Miguel Ángel Muñoz Sanjuán nació en Madrid en 1961. Es autor de los poemarios Una extraña tormenta (Colección Cibeles, Madrid, 1992), Las fronteras (Calambur Editorial, Madrid, 2001), Cartas consulares (Calambur Editorial, Madrid, 2007), Los dialectos del éxodo (Colección Monosabio, Málaga, 2007) y Cantos : & : Ucronías (Calambur Editorial, Madrid, 2013). Fue organizador de las Primeras Jornadas de Joven Poesía Española en homenaje a Luis Cernuda (Madrid, 1988), y fundó y dirigió la colección de poesía Abraxas (Madrid, 1989).
Ha participado en las ediciones de la obra poética de E. E. Cummings, Buffalo Bill ha muerto (Antología poética 1910-1962, Hiperión, Madrid, 1996), y de Rafael Pérez Estrada, La palabra destino (Hiperión, Madrid, 2001). En el ámbito de la prosa y el ensayo ha intervenido en la edición comentada de la obra de Enrique Gil y Carrasco El señor de Bembibre (Colección Austral, Espasa Calpe, Madrid, 2004); asimismo, ha realizado la selección y edición de los ensayos de Osip Mandelstam, Sobre la naturaleza de la palabra y otros ensayos (Árdora, Madrid, 2005), y los comentarios que acompañan al libro de Juan Carlos Mestre sobre versiones de mitos y leyendas mesoamericanas, El universo está en la noche (Editorial Casariego, Madrid, 2006).
Ha realizado la antología de la obra poética de Juan Carlos Mestre, Las estrellas para quien las trabaja (Edilesa, León, 2007).
En el terreno de la poesía experimental, trabaja en Etime, libro que recoge sus experiencias poemáticas, tanto de poemas «palabrazáricos» como «visionales». Dichas composiciones surgen a partir de la rápida lectura de diarios, en la que imágenes y palabras de sus titulares cobran un nuevo sentido, una vez liberadas de sus ataduras funcionales por la capacidad misteriosa y visionaria del lenguaje poético.

Miguel Ángel participa en “Imagina cuántas palabras” con el relato “EL SEÑOR S” Y SOPHIE. Este es un extracto del mismo:


(…)

Lo primero que acordaron Sophie y Clarice fue por dónde comenzar a investigar, pues esto no era como cuando tenían que hacer algún trabajo de Naturales para el colegio y perseguían a cualquier bicho o mariposa de flor en flor. Ahora debían ser discretas porque no sabían a qué se enfrentaban. Una vez revisadas las anotaciones que tenían en el blog en cuya cubierta estaba escrito con mayúsculas “SEÑOR S”, decidieron comenzar su investigación el primer día en el que hubiera retransmisión de un partido de fútbol o de baloncesto, lo que fue al día siguiente. Pero todo el plan se vino abajo cuando, ya próxima la hora de comienzo del partido de fútbol, sonó el timbre.
Cuando Sophie abrió la puerta de su casa se quedó petrificada, pues el mismísimo “Señor S” estaba frente a ella y parecía hablarle con un extraño acento. —Buenas tardes pequeña —dijo el “Señor S”, para acto seguido preguntarle mientras miraba en su reloj de pulsera la hora—¿Podría hablar con tus padres?

(…)