Eduardo Nieto



Eduardo Nieto Fernández nació el día 5 de noviembre de 2001 en Pamplona y vive en el barrio de la Rochapea. Le gusta mucho jugar al fútbol, pero también le gusta inventarse historias en su tiempo libre y bajar a la calle para jugar con sus amigos. El año pasado estudiaba en el C.P. Cardenal Ilundain, y ahora mismo estudia 1º de la ESO en el instituto IES Padre Moret Irubide. Hace 6 meses hizo un viaje a Irlanda con sus tíos y sus primas y aprendió mucho inglés. En estos momentos está aprendiendo alemán y francés. En vacaciones de verano o se va a su pueblo, Allo, o a Laredo.

Eduardo Nieto ha pasado a integrar el elenco de autores de “Imagina cuántas palabras” porque ha sido el ganador del concurso literario en el que participó casi todo el alumnado de 6º curso de Educación Primaria del C.P. Cardenal Ilundain de Pamplona. Eduardo Nieto participó con el cuento titulado Un verano inolvidable -ya publicado en este blog-, y ganó tras un cuidadoso proceso de selección en el que han participado varios de los escritores participantes en el libro, así como los responsables de la editorial.

Queremos felicitar a Eduardo por su participación en el concurso y por haber escrito un relato de gran calidad lleno de pasión, de espontaneidad, de humor, de tensión e incluso de fina ironía. Su cuento aparecerá publicado en el libro y estará acompañado por una fotografía hecha en La Corrala de Vecinas La Utopía, como el resto de autores. Como dice el viejo proverbio chino: “Un viaje de mil millas comienza con un simple paso”.

Más allá de lo material



Este es el cuento escrito por Laura P., alumna de 6º del Colegio Público  Cardenal Ilundain de Pamplona. Se titula “Más allá de lo material“:

Hoy me he levantado y he mirado por la ventana. Lo que he visto no era nada especial, simplemente había un coche de juguete y un balón junto a una flor. Lo que yo no sabía es que detrás de aquellas tres cosas había tres fantásticas historias.
Después de contemplar un rato aquellas tres cosas me fui a desayunar unas tostadas y un vaso de leche. Cuando terminé, fui a vestirme y luego fui a la calle. Una vez allí, vi que había un sol que alumbraba toda mi casa. Ese sol me recordó al balón y las demás cosas que había visto desde mi ventana. Entonces fui al descampado de detrás de mi casa, pero cuando llegué ya no estaban las cosas allí. Lo que pasaba es que un niño pequeño de 7 u 8 años las había cogido. Cuando me di la vuelta allí estaba él con sus tres cosas. Entonces me dijo:

–¿Me acompañas?

Y yo le dije:

–Por supuesto.

Cuando estábamos andando, el niño se paró y me dijo que me iba a contar la historia de su flor y era tal que así:

Un día el niño iba caminando por la calle, cuando pasó por delante de un colegio de bachillerato donde había alumnos en el recreo. No todos estaban haciendo lo mismo. Por ejemplo: había unos chicos escuchando música, chicos jugando a juegos como el baloncesto o el fútbol, y chicos con sus estuches cambiando rotuladores. Pero él se fijó en un chico que estaba plantando flores, por lo que él decidió plantar la suya. Al cabo de un tiempo la flor creció y creció hasta que se hizo muy grande y el niño se llenó de tanta felicidad que ahora siempre lleva la flor con él.

Cuando terminó de contarme la historia seguimos andando hasta que pasamos por un campo de fútbol y me dijo que me iba a contar la historia del balón, que era tal que así:

Un día estaba el niño jugando a fútbol con sus amigos. Él estaba de portero y cuando fue a parar un tiro se le resquebrajó el esternecleidomastoideo y se quedó mirando el cielo azul y al momento se desmayó. Cuando despertó estaba en el hospital con el músculo bien y su amigo allí. Su amigo se le acercó y le pidió disculpas, y como el poder de la amistad es tan potente se perdonaron.
Al día siguiente los dos amigos fueron a la playa a jugar a voleibol y bañarse en el mar. Cuando estaban en el mar no se oía nada, era una paz inmensa pero también había un precioso paisaje. Cuando se fueron de la playa su amigo dijo que si quería que fueran a la piscina, pero él ya estaba demasiado cansado como para ir a la piscina. El niño se fue a casa y guardó el balón porque gracias a él había comenzado una bonita amistad con aquel niño.

Al terminar de contarme la historia seguimos andando hasta que pasamos por un parque y me dijo que me iba a contar la historia de su coche de juguete, y era tal que así:

Un día estaba el niño en el parque con un coche de juguete que se había encontrado en el suelo, pero un perro vino y ladró tan fuerte que hizo que el niño tirara el coche por los aires. Sus amigos, que estaban pasando un buen rato de diversión, le preguntaron qué era lo que le había pasado y él se lo contó. Entonces uno de ellos decidió regalarle su reloj para que se sintiera mejor, pero otro amigo suyo dijo: “yo voy a buscar el coche y prometo que lo encontraré y te lo daré.
Al cabo de diez o quince minutos el niño le dijo: “¿es este tu coche? A lo que el niño dijo que sí, entonces el niño le devolvió el reloj a su amigo y él se quedó con el coche. En ese momento salió un arcoíris y vinieron mariposas, de lo feliz que era el niño. Desde ese mismo día guarda el coche.

Cuando terminó de contarme la historia paseamos hasta mi casa, donde me despedí de él, pero antes de irse me dijo: “me llamo Nick Iglú”. Yo creo que se lo había inventado, pero bueno, eso era lo de menos.
Al entrar en casa mi mamá y mi papá me habían preparado una pizza con mucho cariño. Al terminar de cenar hice los deberes y me leí un libro porque me gusta leer. Cuando terminé, le di de comer a mi hámster, le di un beso de amor a mi gato y otro a mi perro. Después me quité las gafas, me bebí un vaso de agua y apagué la televisión y el ordenador. Después de todo esto bailé mi baile especial del sueño y devolví a mi rana a la naturaleza porque tengo buen corazón. Y por fin me fui a dormir y soñé que estaba de vacaciones.

La maravillosa historia de Violeta



Este es el cuento que ha escrito Nayana Escribano, alumna de 6ºD del C.P. Cardenal Ilundain de Pamplona. Se titula “La maravillosa historia de Violeta“:

Un día precioso estaba a punto de comenzar. Violeta, una chica guapa , un poquito desordenada, simpática y alegre, iba a empezar su primer día en bachillerato. Estaba muy nerviosa. Estaba a punto de sonar el despertador, cuando gritó su madre:

–¡Violeta! ¡A despertar! Hoy es tu primer día, tienes que ir antes a clase ¡Baja a desayunar!

Violeta lentamente se levantó de la cama, apagó el despertador y bajó a desayunar.

–Buenos días, mamá, ¿qué hay para desayunar?–dijo Violeta, prácticamente dormida.

–Hola hija, hay tostadas con mantequilla y un vaso de zumo, como a ti te gusta –le contestó su madre.

Violeta terminó su desayuno y subió a su habitación a prepararse para irse. Hizo su cama, se peinó su precioso pelo y cogió la mochila. Fue a despedirse de su madre, cuando su madre le dijo:

–Tú tranquila hija, sé que es tu primer día. Yo también tuve ese día y estaba muy nerviosa, pero los momentos imperfectos pueden ser los perfectos de tu vida. Tú acuérdate de eso no sólo hoy, sino todos los días de tu vida. Ya verás cómo aunque estés nerviosa será un buen día. ¡Suerte cariño! Te quiero.

–Gracias mamá, por todo. En serio. Te quiero.

Violeta yendo de camino al instituto se encontró con una de sus mejores amigas, Elena. Entonces dijeron de ir juntas a clase, pero la hermana de Elena tenía que ir al colegio. Entonces decidieron ir juntas el día siguiente.
Cuando Violeta llegó al instituto nadie le miró con cara rara, como ella había imaginado. El único que la miró fue un chico que se llama Bruno. La miró fijamente. Para Violeta fue su amor, amor a primera vista. Cuando sonó la sirena subió a clase, se chocó con un chico en las escaleras y se le cayeron todos los libros. Un libro importante se abrió y al agacharse le dijo:

–Hola, lo siento, no te había visto. Me llamo Carlos. Ya nos veremos, que llego tarde a clase.

Violeta fue a clase corriendo, pero llegó un poco tarde. Estaba a punto de salírsele el corazón. Ella pensaba que Carlos también era su amor, pero no estaba segura de cuál era el verdadero.
Era la primera clase y era de cantar y bailar, que es lo que más le gusta a Violeta. A violeta le apasiona la música. Esta clase era tan especial porque se juntaron dos grupos y en el otro grupo estaban sus amores, Bruno y Carlos, y lo mejor es que le tocó cantar con Carlos. Este momento fue mágico para ella. La clase duró dos horas, ya al terminar tenían tiempo para almorzar. Carlos se dirigió a Violeta con una flor azul para dársela, pero Bruno salió de entre los arbustos y le empujó. Bruno también se dirigía con algo, pero no era un flor sino muchas flores. Cuando Violeta se fue, cogió un balón de fútbol y empezó a jugar a su deporte favorito, baloncesto. Estaba muy deshidratada y fue a la fuente a beber un trago de agua. Cuando sonó la sirena Violeta entró a clase cruzándose con Bruno y Carlos. Tocaba ordenadores y tenían que jugar haciendo un test de juegos del cuerpo humano. Violeta se olvidó de poner el hueso más largo como palabra: esternocleidomastoideo.
A la hora siguiente y última del día, les tocaba clase de historia. A Violeta le aburre mucho ese tipo de cosas. Tenía que ver con qué se relaciona el mar, la naturaleza, el paisaje, las mariposas y la paz. Violeta no hacía caso, así que miró por la ventana y estaba lloviendo. Miró a su derecha y vio un cobertizo con forma de iglú. No le interesó mucho, así que volvió a su sitio. Miró el reloj de clase y faltaban cinco minutos para terminar la horrible clase aburrida, así que para finalizar la clase el profesor les mandó un poco de tarea mientras metía el estuche en la mochila. Cuando salían vio a su madre que le estaba esperando en la puerta con el coche. Y también vio que había salido el sol y estaba el arcoíris fuera.
Al llegar a casa, empezaron a comer y ya había llegado su padre de trabajar. An entrar dijo Violeta:

–¡Papá! ¡Ya estoy en casa!
–Hola hija, ¿qué tal el instituto?–agregó el padre.
–¡Muy bien!–respondió Violeta.
–Me gustan tus gafas, papá.
–Jajajaja, gracias hija –dijo alegre su padre.

Se sentaron en la mesa y de repente le sonó el móvil al padre.Cogió y le dijeron que tenía que volver al trabajo. Conclusión: que se quedaron solas madre e hija en casa. Y le dijo Violeta a su madre:

–Oye mamá, tenemos que hablar.
–Claro, hija, hablemos.
–Pues mira, hoy he conocido a dos chicos muy majos y muy guapos, y yo creo que son mis amores, pero no sé cuál es el verdadero.
–Me da mucha alegría y felicidad que me cuentas estas cosas, cariño. Una cosa, ¿tienes deberes?
–Sí, unas cositas y leer un poco.
–Bueno, vale, a lo que íbamos. Yo lo único que te puedo decir es que escuches a tu corazón, no a tu cabeza. Busca lo interior de cada persona.
–Gracias, mamá. Ni siquiera somos amigos ni tenemos amistad, pero hoy he cantado con uno y me he sentido muy bien.
–Pues eso, busca lo que te hace bien de cada persona, y conócelos…ehhh…jajaja… Luego acuérdate de echar de comer al hámster y saca el pero a pasear ¿vale?
–Vale, mamá. Pon de cenar pizza porque desde que fuimos de vacaciones no la he comido. Luego encenderé la televisión para ver un programa sobre qué es mejor: la playa o la piscina.
–Vale hija. Adiós, te quiero.

Violeta fue por la calle con su perro Tom y se restrasaron un poco en la vuelta a casa, pero llegaron sanos y salvos.
Violeta le dijo a Tom:

–Ya se ha acabado la diversión…

Cuando entró en casa cenaron un poco los tres: padre, madre e hija. Y al final del día se fueron a dormir para el siguiente día. Que también sería un día perfecto.

El atleta más atleta del mundo



Este es el cuento que ha escrito Ibón L., alumno de 6º del C.P. Cardenal Ilundain de Pamplona. Se titula “El atleta más atleta del mundo“:

El atleta más deportista del mundo era simplemente en 2 palabras: el mejor, en todo aquello que hacía. Practicaba muchos tipos de deportes, desde fútbol y baloncesto hasta bailar, pero no solo le gustaba el deporte, sino que también le gustaba estudiar. Estaba en bachillerato en el instituto más grande de Madrid, en el que también practicaba música, donde les hacían cantar.
Se llamaba Ángel y más que en un instituto estaba en un centro de alto rendimiento. Era un aficionado al fútbol, al baloncesto y al baile. Siempre estaba con un balón en los pies o en las manos. Le gustaba ese centro, pero echaba de menos a su papá y a su mamá. En su casa estaba además de sus padres, su mascota, su hámster Rodrigo y su perro Sorchi, al que tanto cariño le tenía. Curiosamente su caseta tenía forma de iglú. Pero no solo les echaba de menos a ellos, sino también al ordenador, a sus amigos, a la televisión e incluso a los deberes.
Un día tenía que jugar un partido de baloncesto y allí estaba puntual a las 11:30 de la mañana, donde le estaban esperando su padre y su madre y sus amigos: una gran sorpresa. Con mucha mala suerte le dieron un codazo en el cuello y le rompieron el esternocleidomastoideo. Se retorcía por el suelo bruscamente, su madre se puso las gafas para verle mejor y enseguida fue a ver qué le pasaba. Le llevó un poco de agua para que se recuperase, pero no, estaba muy mal y se lo llevaron al hospital. Él había dejado de ver el sol, la lesión le había apartado del deporte 2 meses, aunque por dentro del corazón seguía sintiendo felicidad, paz, alegría… Ya podía dormir sin tener que madrugar, leer sin prisa y contemplar el paisaje y el arcoíris siempre que quisiera. Cada día que iba al hospital a la rehabilitación miraba el reloj para ver cuánto quedaba para que el día pasase. Se le hacía eterno. Su recuperación era muy dura, todos los días esfuerzo, pero él en el fondo quería, quería seguir adelante y que se pasase cuanto antes. Todas las tardes iba al mar o a la piscina para relajarse del esfuerzo de todo el día.
Se lo llevaron de vacaciones en un buen coche azul para que estuviese cómodo y conociese lo qué es diversión. Se lo habían llevado a Cuenca ya que estaba cerca de Madrid, un lugar donde hay bastante naturaleza. Un día salió al campo, veía muchas cosas, veía volar mariposas, veía muchas flores, pero hubo una flor que le llamó mucho la atención, era de color verde: el color de la esperanza. Allí también encontró el amor y volvió a tener amistad con la gente de allí. Le daba pena pero se tenía que ir porque tenía que volver a su colegio donde le esperaba su estuche, su libro, y volver a su tierra donde su madre le esperaba en casa. Pero de otro modo, también quería volver a su rutina diaria con sus amigos de siempre. Cuando llegó de vuelta después de haber salido de la lesión, sus amigos del centro le hicieron una fiesta con patatas fritas, galletas y pizza…, y al final unos cuantos juegos.
Al cabo de un par de semanas Ángel volvió al mundo de la competición y lo hizo tan bien y con tantas ganas que fue a los juegos olímpicos, y con ganas valentía y destreza consiguió sacar el oro olímpico, su gran sueño de toda la vida.

Las vacaciones de Julen en España



Este es el cuento que ha escrito David Carranza, alumno de 6º del C.P. Cardenal Ilundain de Pamplona. Se titula “Las vacaciones de Julen en España“:

Érase una vez un niño llamado Julen que vivía en un pequeño pueblo del Polo Norte. No vivía en una casa de ladrillos sino que vivía en un iglú hecho de hielo. Julen tenía dos gafas, una de color rojo y otra de color azul. Le gustaba leer mucho y era muy bromista. Como no tenía amigos sólo podía jugar con sus padres. Su mamá se llamaba Rosa y su papá se llamaba Juan.
Un día Julen les propuso a sus padres ir de vacaciones a España. Sus padres muy extrañados le dijeron:

–¿Por qué a España y no a Rusia, Alemania o Portugal?

Julen les respondió:

–A mí siempre me ha gustado España porque es un país que tiene alegría y con alegría me refiero a que siempre ves que la gente va contenta por la calle.

Entonces los padres de Julen se miraron y dijeron:

–¡La familia Gómez se va de vacaciones a España!

Entonces Julen corrió hacia su cuarto y empezó a hacer su maleta. En menos de una hora ya habían hecho las maletas y ya estaban en el aeropuerto. Julen fue el primero en subir al avión. Se sorprendió de lo grande que era. Cuando despegaron Julen se empezó a dormir de lo cansado que estaba. En la mitad del trayecto, Julen se despertó y pudo contemplar a dos delfines saltando en el mar. También pudo contemplar cómo unos pesqueros pescaban peces.
Cuando llegaron a España, se instalaron en un pequeño piso de Barcelona. Julen bajó al parque que había debajo de su casa y empezó a jugar con un amigo suyo llamado Imanol. Imanol le enseñó a jugar a Julen a fútbol, a baloncesto, a ping-pong y a muchos más juegos. A Imanol se le escapó el balón a la carretera y casi le pilla un coche que iba muy rápido. Julen se asustó mucho porque casi matan a su amigo. Eran las ocho de la tarde cuando Julen se fue a casa como Imanol. En cuanto Julen llegó a casa les preguntó a sus padres:

–¿Puedo comprarme un perro?

Su madre le respondió:

–¿No es mejor que te compres un hámster?

Julen le respondió:

–Ah, vale, ya me compraré el hámster.

La mañana siguiente Julen fue al colegio con tanta felicidad que se levantó muy pronto para no llegar tarde. En cuanto llegó al colegio todo el mundo le preguntaba de dónde venía y cómo se llamaba. Julen siempre les decía:

–Vengo del Polo Norte y me llamo Julen.

Unos minutos después hizo un nuevo amigo llamado David, que se había roto el esternocleidomastoideo. David estaba muy triste porque ya no podía jugar a juegos como fútbol, baloncesto….
Cuando Julen entró a clase con todos sus compañeros, la profesora les dijo que mañana irían a la piscina. Julen preguntó:

–¿Qué es la piscina?

Entonces la profesora le respondió:

–La piscina es un agujero grande lleno de agua y preparado para que la gente pueda nadar.

Cuando quedaba un minuto para irse y todo el mundo recogía, la profesora dijo:

–Para mañana tenéis estas hojas de matemáticas y también os tenéis que leer un libro de casa.

Todo el mundo iba triste porque tenían deberes.

Julen iba contemplando el paisaje con Imanol, cuando de repente vio una flor muy bonita, entonces se agachó y la cogió. Cuando Julen llegó a casa le dio la flor que había cogido de la naturaleza y se la dio a su madre. Su madre se puso tan contenta que le dio un gran beso. Julen empezó a hacer la tarea y cuando terminó se puso a ver la televisión con su padre. Su padre se durmió y comenzó a roncar. Como no se oía la televisión, Julen empezó a cantar ópera y despertó a su padre. Su padre muy enfadado le dijo a Julen:

–¡¡¡Julen, no cantes mientras estoy durmiendo, si no te castigaré!!!

Julen le contestó a su padre:

–Si quieres dormir sin molestar a los demás y que no te despierten, vete a tu cuarto a dormir.

Su padre se fue a lacocina a beber un vaso de agua para tranquilizarse y luego se fue a su cuarto a dormir. Julen oyó ruiodos en el parque, miró el reloj a ver qué hora era y como eran las cinco supo que su amigo Imanol estaba jugando en el parque. Bajó corriendo a jugar al fútbol con él. Imanol se puso de portero mientras Julen le tiraba tiros. Julen tiró un tiro tan fuerte que rompió las redes de la portería y las flores que había detrás de la portería. Unos minutos después Imanol tiró un tiro que fue un golazo. Entonces se puso a bailar como Neymar. Jugaron con tanta diversión que Julen no se quería ir a casa. Al final sus padres le dijeron que si subía tenían para cenar pizza. Julen en cuanto oyó la palabra pizza subió corriendo a casa. Cuando estaban cenando pizza nadie hablaba, entonces Julen le dijo a su padre:

–Por favor, papá ¿puedes encender la radio y poner música?

En ese momento su padre encendió la radio y puso música como Julen le dijo. Cuando Julen terminó de cenar vio un poco la tele y se fue a la cama.

Por la mañana siguiente Julen iba hablando con su mejor amigo Imanol de lo que habían soñado, mientras iban caminando al colegio. Julen le dijo a Imanol que había soñado que estaba en bachillerato y le estaban dando un curso de astronomía para ir al sol. Imanol le dijo a Julen que había soñado que iban al colegio juntos cuando de repente el mundo se abría en dos. Los dos se rieron de los dos sueños que habían tenido. Cuando llegaron al colegio, un autobús les estaba esperando para ir a la piscina. En el viaje vio un arcoíris y una mariposa de color rosa. Cuando llegaron a la piscina hicieron un partido de waterpolo chicos contra chicas. Como ya se sabía, ganaron las chicas. Los chicos se picaron tanto que en el vestuario se picaban por haber perdido. Cuando volvieron de la piscina tenían clases de ordenadores. Julen se puso de pareja con Imanol en un ordenador. Julen se puso con Imanol porque él no sabía nada de ordenadores y en cambio Imanol sabía mucho. La profesora les dijo:

–Tenéis que buscar información sobre el día de la paz y sobre “¿qué es el amor?”. Cuando estaban terminando el trabajo, un compañero de la clase de Julen le tiró el estuche. Entonces Julen se levantó de la silla y le dijo con mucho cariño a su compañero:

–Ya que me has tirado el estuche al suelo, ¿me puedes ayudar a recoger lo que has tirado? Por favor.

Su compañero, en cuanto oyó la palabra por favor, le ayudó a Julen a recoger lo que había tirado.
Cuando se terminaron las clases, Julen e Imanol iban hablando sobre la amistad que tenían y que nunca se terminaría aunque estuviesen en distintos lugares del mundo. También Julen le dijo a Imanol con cara muy triste:

–Como ya sabrás, mañana me voy a ir al Polo Norte.

Imanol sorprendido le dio un abrazo. Cuando Julen llegó a casa, su madre le dijo:

–¡Corazón! ¿Qué te pasa? ¿Por qué tienes esa cara tan triste?

Julen muy triste le respondió:

–Es que mañana nos vamos y no quiero ir, echaré de menos a mis compañeros, pero sobre todo a Imanol.

Al día siguiente, todos sus compañeros fueron a despedirse de Julen. Ninguno tenía regalos menos Imanol, que le dio un dibujo donde estaban Julen e Imanol jugando en la playa. Julen se emocionó mucho porque su mejor amigo le había regalado algo.
Julen se fue rápidamente hacia el aeropuerto. En pocos minutos ya habían despegado e iban rumbo al Polo Norte. Cuando llegaron al Polo Norte, Julen fue rápidamente a su casa para colgar el dibujo que le había regalado Imanol.
Pasaron unos meses cuando Imanol fue al Polo Norte con sus padres para visitar a Julen. En cuanto Julen vio la cara de Imanol fue corriendo a abrazarlo. Imanol le dijo que iban a estar un par de meses en el Polo Norte de vacaciones, pero al final Julen convenció a Imanol y a sus padres para que se quedasen. Los convenció y se quedaron a vivir con Julen para toda su vida. Fueron muy felices porque al fin Julen podía jugar con alguien.

Juan dando la vuelta al mundo



Este es el cuento que ha escrito Álex San Miguel, alumno de 6ºD del C.P. Cardenal Ilundain de Pamplona. Se titula “Juan dando la vuelta al mundo“:

Un día Juan que estaba en su casa estudiando para bachillerato, después de jugar un partido de baloncesto con sus amigos en el colegio, de repente se le ocurrió que podía ir a dar la vuelta al mundo y que empezaría yendo a la final de la Champions de fútbol, así que fue hacia el salón donde sus padres estaban viendo la televisión y les preguntó a su mamá y a su papá si podía ir a ver la final, y sus padres le dijeron que sí, pero que en los dos próximos años no irían más de vacaciones, y que por supuesto no podría llevar a su perro. Además le recordaron que ese verano no irían a la playa, ni se meterían en el agua del mar (a Juan le encantaba en el mar porque hay mucho sitio), ni tampoco en el agua de la piscina.

Al llegar a Inglaterra se compró un reloj nuevo y le dio mucha alegría, y cuando se lo puso en la muñeca, dando una vuelta por Londres, tras pasar por varias tiendas de juegos y juguetes, se compró un balón para jugar con sus amigos por la tarde, después de clase. Su padre le dijo que no se comprase el coche que se quería comprar y que si quería se comprase un estuche, porque el suyo estaba roto y no podría hacer los deberes en casa. Su madre le dijo que tampoco podía coger un ordenador.

En el día de la final estuvo muy contento porque los dos equipos eran alemanes (él era alemán). Él se quejó porque estaba lloviendo un poco pero hacía sol. Cuando salió el arcoíris y vio el color azul tuvo una felicidad en el cuerpo que tenía ganas de cantar y bailar una música de Vivaldi con amor y con el corazón. Luego partió hacia el Polo Norte en un barco.

Cuando llegó al Polo Norte conoció a unos esquimales y también visitó algún iglú.
Allí, en el hotel donde se alojaba y donde se quedó a dormir las cinco noches que pasó en aquel lugar, le escribió una carta a su abuela (muy corta) y una de las cosas que más le sorprendió y que lo puso en la carta, fue que allí tenía que echarse todos los días crema de sol y que tenía que ponerse las gafas que le dio ella para protegerse los ojos, porque allí el sol picaba mucho. Aparte de eso también le contó que había un restaurante llamado Amistad donde cenaba todos los días. Un día se quedo una hora, más o menos, mirando el paisaje. Al final de las semanas se despidió del Polo Norte y se fue en avión a EE.UU.

Al llegar allí le compró a su abuela una flor, dos flores, tres flores…, y así siguió contando hasta 10, pero que conste que lo contó con cariño.
No todo sería bueno porque con la diversión del juego del pilla pilla, que jugaba con su padre y su madre, se resbaló con una piedra y se rompió el esternocleidomastoideo. En el hospital le hicieron una operación y en la habitación estaba siempre en paz y muy tranquilo. Cuando su madre y su padre llegaron a la habitación, después de tomar un café, le regalaron un libro para que cuando estuviera solo en la habitación lo pudiera leer y no aburrirse.
El último día fue a un bosque, porque a él le gusta ir a la naturaleza y ver mariposas y cazarlas. Allí en el bosque se encontró el árbol más grande de EE.UU. y corrió unas 10 vueltas al árbol, porque le hacía ilusión. Tras varias horas por el bosque llegó a su casa y dejó las cosas que llevó al bosque y se cambió de ropa, y en vez de chándal se puso un vaquero, para dar un paseo por Nueva York bien vestido. En la calle principal vio una tienda de animales donde había un hámster, un conejo y varios pájaros. Después siguió la pizza y el paseo, y se fue a su casa a dormir y preparar la maleta.
Después de dormir tomó el desayuno, se vistió…, se fue en un taxi al aeropuerto y esperó unos 30 minutos hasta que se metió en el avión vuelta a Alemania.
Allí en Alemania todos sus amigos le hicieron una fiesta a él por dar la vuelta al mundo.

De la pesadilla a la felicidad



Este es el cuento que ha escrito Álvaro P., alumno del C.P. Cardenal Ilundain de Pamplona. Se titula “De la pesadilla a la felicidad“:

Érase una vez un padre llamado Kevin que estaba jugando con su perro Bobi a sus juegos favoritos, mientras salía el sol poco a poco. Tenía un hijo que se llamaba Nick que iba a 2º de bachillerato, pero se murió ahogado en el mar tras el arrollo de una ola. Kevin se apuntó a una liga de fútbol de veteranos. Al día siguiente, Kevin tenía partido con su equipo. El pobre hombre no sabía jugar a fútbol, por eso metió goles en la portería contraria, le hicieron una entrada muy peligrosa y se rompió el esternocleidomastoideo.
Por la noche encontró el amor a través del ordenador con una chica llamada Ana. Sonaba una canción y le llamó diciéndole si quedarían mañana, pero lo rechazó.
Kevin al irse a dormir se encontró un hámster en la almohada. Dos días después intentó arrancar el coche pero no pudo. Tampoco se dio cuenta de que te tenía detrás unas gafas de su novia y el reloj del coche. Entonces Ana de dijo: “¡Cariño, no pasa nada!”. En dos semanas se iban a casar. Pasaron dos semanas y a la hora de la boda Ana y Kevin estaban muy nerviosos. La novia al salir tiró el típico ramo de flores y se quedó enganchado en la rama de un árbol.
Se fueron de luna de miel al Caribe. El mar era azul tan brillante como las joyas y las estrellas. Por la noche hubo un tipo de discoteca en el que tenían que cantar varias personas una canción de amor. Entonces se acordaron de Nick y empezaron a llorar. Kevin tendría felicidad si Nick no hubiera fallecido. Esa tarde llovía mucho, por lo que se quedaron en casa viendo la televisión. Pidieron una pizza y se la comieron. Luego se fueron a la cama y la madre le dijo a Kevin: “Descansa en paz”.
Al día siguiente hizo sol y se fueron a la playa. La madre se quedó leyendo un libro mientras Kevin nadaba en el agua. Kevin le dijo a Ana: “Deja de leer y vamos a nadar”. Después salió el sol y todos disfrutaron de él. Dos semanas después se fueron, volvieron a su país natal, Rusia, donde hacía mucho frío, se hicieron ellos mismos un iglú muy grande, cogieron madera y la quemaron. Entonces salió fuego y el hielo iba derritiéndose poco a poco. Salieron rápido del iglú. Les rescató una familia de Ucrania y se los llevó en helicóptero. Cuando llegaron a la ciudad de ellos, compartieron piso. Kevin les dijo: “Eso son unos amigos verdaderos y tienen un gran corazón y mucha amistad”. Ana respondió: “Y también tienen alegría”.
Mientras el hijo de la familia de Ucrania hacía sus deberes, Kevin y Ana salieron a la calle a dar un paseo a ver la naturaleza y un gran paisaje. Kevin mató una mariposa y le dijo Ana: “Pobrecilla, con lo bonita que era”. Entonces Kevin encontró una flor y se la dio a Ana. Ana le dijo: “Muchas gracias”. Tuvieron la idea de tener un hijo. Cuando el niño llamado Álex cumplió tres años fue al colegio. En el colegio Santa Luisa había un chico malo que se llamaba Martín. Él le robó el estuche y se lo pintó de rosa y también escribió: “Hola soy muy tonto y mi cabeza es como una pera”.
El padre cuando lo vio se cabreó mucho y se quejó al director, por lo que tomaron la decisión de expulsar a Martín. Álex se encontró una mariposa muy rara y se la regaló a Kevin. Dos días después compraron un billete para irse de vacaciones a Benidorm. En Benidorm fue cuando se casaron muy felices y comieron perdices. Este cuento se ha acabado. Espero que os haya gustado.