Juan y el libro para niños



Este es el cuento escrito por Andrea Blanco. Se titula “Juan y el libro para niños“.


Hace tiempo, existía un niño de 7 años al que le encantaba leer cuentos de aventuras y de monstruos. Él se imaginaba que era el protagonista y que mataba a los malos y salvaba a la gente que estaba en apuros. Bueno, este niño era rubio con ojos azules, y aunque se llamaba Juan él quería que le llamaran como se llamaban los personajes de sus libros.

Un día Juan se despertó con el ruido de los pajarillos de la calle, miró por la ventana, abrió los ojos y vio el cielo azul con un sol radiante, sonrió y fue corriendo a la cocina, ahí estaba su madre esperándole.

– ¿Qué te parecería ir a la biblioteca paras coger un libro e irnos a la playa a pasar el día? – dijo la madre.
– ¡Sí! – dijo Juan

Juan desayunó, se vistió y bajo a la cocina, ahí estaba su madre preparando las cosas para ir a la playa. Las 11 de la mañana. Juan cogió su carnet de la biblioteca, salió de casa y se montó en el coche. Media hora después llegaron a la biblioteca. Juan salió del coche, entró en la biblioteca, miles de libros estaban a su alrededor. Mientras iba a la sección de niños un libro cayó desde una de las estanterías. En la portada ponía: “Cuentos para Niños”. Juan lo cogió y fue donde su madre. Volvieron a montarse en el coche y siguieron con el viaje. Juan no quería empezar a leer su cuento hasta llegar a la playa, así que se durmió. Una hora y media después los dos se bajaron del coche y vieron el hermoso paisaje. Mariposas, flores, pájaros y miles de cosas más había alrededor de la playa, pero cuando mirabas hacia el agua azul en el mar, con un arcoíris en medio, era verdadera felicidad para la madre ver que la naturaleza estaba tan bien protegida ya que era jardinera.

Bajaron donde había arena, eran los únicos en la playa, así que se pusieron en un trozo de la playa y empezaron a jugar a volley ball con el balón hinchable. Su madre, que tenía mucho amor hacia su hijo, le dejaba ganar para que no se enfadara, eran las vacaciones perfectas para su madre, aunque no se las podía permitir porque el papá de Juan se murió en un accidente y la madre es la única que trabaja. Juan se había aburrido ya de estar por la playa jugando a juegos, recoger flores…, así que era hora de su mayor diversión: ¡leer cuentos!

Juan fue a la sombrilla mientras su madre le dijo:

– Yo voy a nadar un poco en el mar.

Juan abrió el libro y empezó a leer, justamente el personaje principal se llamaba igual que él, Juan. Ahora sí que tenía ganas de leerlo. Tras unos minutos leyendo se dio cuenta de que el libro estaba contando justamente su vida: cuando se rompió el esternocleidomastoideo jugando a baloncesto con sus amigos; y también cuando tenía que hacer los deberes con el ordenador porque no tenía un estuche en clase y nadie le dejaba un lápiz.

Miró el reloj y solo había pasado media hora, y como su madre estaba tomando el sol, casi durmiéndose con la brisa del mar, continúo leyendo su vida. Había cosas que recordaba pero otras que no, así que estaba muy contento.

De repente vio un capítulo en el que él tenía 4 años y estaban su padre y su madre viendo la tele, cuando de repente salió una música muy pegadiza, y él empezó a bailar y cantar con todo su corazón. Estaban todos llenos de alegría en aquel momento y Juan estaba contento de poder ver a su padre dibujado. Siguió leyendo y vio la primera vez que iba a una piscina para mayores, llevaba unas gafas redonditas y muy monas. En el cuento ponía cómo se imaginaba Juan lo que era una piscina de mayores; él pensaba que era un iglú, lleno de perros y hámsters y que todos tenían una bonita amistad y se tenían mucho cariño, y también que estaban todos en paz, aunque esto era muy falso.

Juan pasó de página y había hojas blancas en las que ponía:

– Quédate con este libro y cuando vayas al colegio y a bachillerato, escribe tú la historia y también cuando hagas otras cosas como comer pizza o jugar al futbol, cualquier cosa, así cuando de mayor lo leas te acordarás de tu bonita infancia.

Pues Juan acabó el libro y volvieron a casa, estaba muy feliz del libro que había encontrado en la biblioteca y no se lo pidieron para que lo devolviera. Desde entonces Juan escribe en el cuento todo lo que le pasa cada día, y así lo hará siempre.