José Ovejero



José Ovejero nació en Madrid en 1958. Estudió Geografía e Historia y se licenció con una tesina sobre cultos religiosos egipcios. Poco después se mudó a Bonn, con la pretensión de escribir una tesis doctoral en la Facultad de Egiptología, pero al poco tiempo dejó la Historia para dedicarse a cosas que le interesaban más: la literatura y su familia.
Su primera publicación fue un libro de poemas narrativos sobre Henry Morton Stanley, “una vida amoral que produce una fábula turbadoramente moral”, según escribió años después Juan Cobos Wilkins en El País. Luego vino un ensayo sobre la ciudad en la que vive, un libro de cuentos y una novela. Esas cuatro publicaciones marcaron lo que iba a ser un rasgo de su trabajo: la exploración de los distintos géneros.
Desde entonces ha publicado novelas, libros de cuentos, poesía, teatro, libros de viajes y ensayos, por los que ha recibido premios como el Ciudad de Irún de poesía por Biografía del Explorador (1993), Grandes Viajeros de libros de viajes por China para hipocondríacos (1998), Primavera de novela por Las vidas ajenas (2005), Gómez de la Serna por La comedia salvaje (2011), Anagrama de Ensayo por La ética de la crueldad (2012) y Alfaguara por La invención del amor (2013). Sus libros han sido traducidos a varios idiomas.
Sus artículos y relatos se publican en diferentes periódicos, revistas y antologías, tanto en España como en el extranjero.

José participa en “Imagina cuántas palabras” con el relato “Papá es un perro“. Este es un extracto del mismo:

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Mi padre quisiera enseñarme a jugar al fútbol y todos los años se empeña en regalarme un balón por mi cumpleaños; yo quisiera enseñarle a pegar fuego a la casa y le regalo todos los años un encendedor aunque no fuma. El año pasado decidió cambiar y me regaló un balón de baloncesto, por si ese deporte me atraía más. Y aunque le dije que mido uno cuarenta y ocho –es verdad– y soy el más bajo de mi clase, el me dijo que el juego es una diversión, y que no se trata de ganar sino de. Eso.
Lo que también me ha regalado papá es el reloj que le regaló su padre a quien se lo regaló su padre. Pero hay que darle cuerda todos los días y ni siquiera es sumergible. A mi padre le pone triste que no lleve el reloj y cuando está triste se lanza a hablar de cuando él era adolescente, de que a él tampoco le gustaba el colegio y, como yo, estuvo a punto de suspender el bachillerato, pero lo que importa en esta vida es el esfuerzo, superar los obstáculos.

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